REFLEXIONES PARA VIVIR

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El libro de Oseas (del Antiguo Testamento de la Biblia)  abunda en expresiones apasionadas y dramáticas de advertencia a Israel, de parte de Dios, de las consecuencias terribles que le sobrevendrían por dejar sus caminos. Pero, aun así, su pueblo parecía no reaccionar.
En este contexto brilla y conmueve el texto bíblico para hoy: ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim?. Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión" (Oseas 11:8).

En él se muestra el dolor de Dios por el sufrimiento que debe permitir que sobrevenga a su pueblo. No le queda otro remedio, si quiere salvarlo. Pero no es algo de lo cual él disfrute sádicamente. Por el contrario, son medidas extremas que van totalmente en contra de sus más hondos sentimientos. Él debe abandonar a su pueblo; es decir, dejarlo librado a las consecuencias de sus propias elecciones. Y entonces, se pregunta a sí mismo, le pregunta a su pueblo y nos pregunta a cada uno de nosotros, cuando estamos alejados de su amor: "¿Cómo podré abandonarte yo (pon tu nombre)?... ¿Te entregaré yo (pon tu nombre)? ¿Cómo podré yo hacerte como a esas personas que viven totalmente entregadas al mal y que sufren las terribles consecuencias de sus voluntades torcidas; que andan vagando por la calle alcoholizadas, drogadas, prostituidas, pervertidas, huyendo de la justicia por causa de sus robos, de sus crímenes, de sus maldades?"
Dios está por encima de nosotros. Somos semejantes a él porque así nos creó, pero no iguales. Él no está sujeto a nuestras debilidades y yerros, ni a nuestra fragilidad mental. Sin embargo, no es un Ser imperturbable, con un gigantesco cerebro que obra con frialdad matemática para cumplir sus planes y propósitos.
Cuando tiene que hacerlo, y sus medios son dolorosos para nosotros, su gran corazón de amor es atravesado por el dolor: se conmueve y se llena de compasión por nosotros.
Hoy, no importa en qué situación espiritual y moral te encuentres, Dios está conmovido por tus miserias y tus sufrimientos, y desea darte la oportunidad de abandonar los caminos que solo te hacen mal, te dañan y te destruyen. No huyas más de su amor.
Vuélvete a él, y escucha su voz. Entrégate en sus brazos de amor, y déjate amar y salvar por él.
Tomado de: “El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie.
No olvidemos  el texto Bíblico para reflexionar hoy: 
¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim?. Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión" (Oseas 11:8).

Recordemos siempre que nuestro Amado Dios  y Padre nos Ama tanto sin importar en que situación estemos hoy y que hace todo lo que puede para hacernos vivir en sus principios de amor y felicidad, pero sin dejar de respetar nuestra libertad de elección. Decidamos hoy y cada día vivir según sus  sabios consejos


                                                JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                  DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
                                         www.facebook.com/reflexionesparavivir
En el número 44, correspondiente a diciembre de 2002, de la revista Actualité des religions, editada en Francia, había un informe titulado “Europa y las religiones”, que comentaba una encuesta sobre las relaciones de la sociedad europea con la religión (L ’European Valué Survey). Esta encuesta se realizó en tres etapas: 1981, 1990 y 1999, siempre con las mismas preguntas. 

Los resultados permitían descubrir cuál había sido el desarrollo religioso de los europeos en un período de unos veinte años. Entre los resultados se apuntaba un retroceso significativo del cristianismo en la sociedad europea, la pérdida del concepto de autoridad religiosa, un aumento del ateísmo de convicción, la progresión de los jóvenes en la fe y, posiblemente la tendencia más generalizada, el incremento de los creyentes no afiliados a una religión, lo que se ha llamado “el sagrado salvaje”, una religiosidad autónoma, la crisis de la pertenencia espiritual, la moda de creer sin pertenecer a una institución religiosa.

La falta de compromiso con los imperativos de una determinada profesión religiosa; la pérdida de la identidad, diluida en un colectivo general uniforme, sin ideologías; el rechazo del concepto de iglesia como institución, con sus órganos de dirección y gobierno; la desaparición del concepto de misión en el mundo y de kerigma, el mensaje que debe proclamarse; un humanismo que hace del individuo el centro del querer, del deber y del hacer generando autonomía, independencia y subjetivismo respecto a la creencia en Dios, etcétera. Todo esto conforma un tipo de religiosidad propia del hombre de nuestro tiempo, del hombre posmoderno, en muchos aspectos secular.
Pero, como en la crisis del becerro de oro, los verdaderos creyentes debemos hoy  tomar una posición firme por Jehová, debemos saber quién es nuestro Dios, y vivir nuestra fe, nuestra esperanza y el amor cristiano sin titubeos, sin equívocos, con sentido de la responsabilidad personal, sincera y auténticamente, libre y solidariamente.
Hoy, no es el tiempo de contemporizar con un sentimiento espiritual vago, general, sin especificidad; tampoco es el tiempo de ocultar o negar nuestra profesión religiosa, sino de gritar, clamar, con convicción, quiénes somos, qué creemos y qué esperamos.
Porque hay un Dios en los cielos… comprométete hoy a servirle de todo corazón y proclamar su Palabra dondequiera que vayas.
Fuente: “Pero hay un Dios en los Cielos , Por: Carlos Puyol Buil.
No olvidemos  el texto Bíblico para reflexionar hoy: 
“Se puso a la puerta del campamento y dijo ‘Quien esté de parte de Jehová, únase a mí’ Y se unieron a él todos los hijos de Leví ” (Éxodo 32:26).

Que hoy y cada dia,  seamos del grupo de los verdaderos Cristianos, que no se avergüenzan de su fe y que con convicción cumplamos la misión de  compartir los beneficios de serlo y los riesgos y peligro de no serlo.

                                                JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                  DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
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El 28 de agosto de 1963, cien años después de que el egregio presidente, Abraham Lincoln, proclamara la abolición de la esclavitud y la emancipación de los negros en los Estados Unidos de Norteamérica, el pastor bautista y líder afroamericano de la resistencia pacífica, Martin Luther King, pronunció el famoso discurso I Have a Dream [Yo tengo un sueño] en Washington, D. C., considerado uno de los más elocuentes y mejores de la historia.
Haciendo mención del discurso de Lincoln en Gettysburg proclamando la emancipación, dijo con voz trémula: “Aquello llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche de cautiverio”. Pero, cien años después, era obvio que el pueblo estadounidense había fallado en sus promesas a los afroamericanos, por ello, Luther King afirmó, esta vez con vehemencia: “No, no; no estamos satisfechos y nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: ‘Solamente para blancos’. […] No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un arroyo impetuoso”, citando Amos 5:24.
El momento más emotivo del discurso fue cuando describió con acentos de nostalgia y esperanza su sueño, el de un país donde no existirán nunca más los prejuicios raciales: “Yo tengo un sueño que un día los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. […] ¡Yo tengo un sueño hoy! Que un día pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas”.
Y terminó el discurso con un canto exaltado a la libertad: “Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo canto religioso negro: ‘¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!’ ”.
¡Hermoso! ¿No te parece que el sueño de Martin Luther King y ese canto final a la libertad serán también nuestros cuando Cristo venga y termine definitivamente con la esclavitud que sufrimos en este mundo?
No permitas que este sueño no sea hoy una realidad en tu vida y en la de quienes te rodean.
Fuente: “Pero hay un Dios en los Cielos , Por: Carlos Puyol Buil.
No olvidemos  el texto Bíblico de la reflexión de hoy: “Cuando Jehová hizo volver de la cautividad a Sión, fuimos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces decían entre las naciones: ‘¡Grandes cosas ha hecho Jehová con estos! ’ ” (Salmo 126:1,2).

Que cada día seamos parte de los que Sueñan con tener un mundo mejor, y que nos comprometamos a dar los pasos necesarios para que el Sueño de Dios se cumpla en nuestras vidas y en la de nuestro prójimo.

                                                       JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
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Imagina perder tus documentos académicos cuando estás dirigiéndote a una entrevista de vital importancia. Eso puede ser desalentador; pero probablemente no es peor que perderse en una ciudad desconocida. 

Perder algo importante o perderse nos llena de incertidumbre y nos hace sentir desesperados, hasta que encontramos lo que hablamos perdido o encontramos el camino.
Sin embargo, perderse y permanecer perdidos espiritualmente garantiza incertidumbre y desesperación. 

Muchas personas se pierden en el alboroto de la vida: la falta de significado de ciertos tipos de entretenimiento, el clamor de una multitud de amigos, la novedad pasajera de la moda, el éxtasis de las drogas recreacionales y el placer de los banquetes. También, es fácil perderse en las preocupaciones por el mañana, las necesidades del hoy o las sombras del pasado. 

Todo esto y mucho más nos alejan de aquello que concierne a la eternidad. El hijo pródigo encontró el camino a casa después de mucha introspección. La oveja perdida, posiblemente, baló incesantemente al darse cuenta de que estaba en pastos extraños. Pero nuestro caso puede ser más parecido al de la moneda perdida: como no sabemos que estamos perdidos, tampoco sabemos cómo encontrar el camino de regreso, ni tenemos la voluntad de hacerlo. 

Agradecemos a Dios por Jesús, quien está dispuesto a prender una vela para que encontremos el camino hacia él. Él está dispuesto a barrer el polvo que nos entierra, y a buscarnos diligentemente en todas las esquinas oscuras, hasta que nos encuentre. 

La parábola de la moneda perdida resalta el hecho de que Jesús trabaja en nosotros para que sintamos la necesidad de encontrar nuestro verdadero hogar, y para dar esos primeros pasos hacia ese hogar. SI, Jesús es el mejor conserje que hay. Él barrerá y limpiará hasta que el polvo del pecado desaparezca, dejándonos perfectamente limpios. Él no se dará por vencido hasta que brilles.

No importa los defectos de carácter que tengas, Jesús te hará perfecto. Su linterna no necesita de baterías. Él asegura que verás una luz al final del oscuro túnel espiritual; su lámpara, la Biblia, te guiará hasta él. Estudia a la luz de esa lámpara cada día (Sal. 119:105; Juan 1:1-5). Jesús también es un buscador de antigüedades y de piedras preciosas. Eres una gema que él buscará continuamente hasta que te encuentre, o hasta que tú lo encuentres. Sin importar lo que le cueste, sin importar dónde te encuentres, Jesús te encontrará. No desesperes.
Nos guste reconocerlo o no, a igualdad de talentos, capacidades y capacitación, en general tiene mayores probabilidades de ser seleccionada para ocupar un puesto, en cualquier ámbito,la persona que presente una mejor imagen personal. Incluso, sobre todo en las áreas de trabajo femenino, como las secretarias, a veces gana el puesto la más bella y no tanto la más eficiente.
Del mismo modo, la sociedad tiende a valorar a quienes son “importantes”, en términos de posición económica, logros académicos, profesionales, artísticos, deportivos y políticos. 

Se pasa por alto a la gente común, humilde, que abnegadamente y muchas veces heroicamente cumple con su papel cotidiano como trabajadores, padres, hijos o amigos.
Pero Dios tiene otra mirada. "Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón." 1 Samuel 16:7.
Como dice nuestro texto de reflexión para hoy, él no ve las cosas como las ven los seres humanos; tiene otra perspectiva y otros valores.
Él sabe que la gente que más vale no es necesariamente la que tiene más dinero, opulencia, propiedades, joyas, ropa fina y títulos universitarios, ni la más talentosa o la más bella. Sabe que lo que importa es qué tipo de corazón tiene: si en su interior hay amor, simpatía por otros, solidaridad, rectitud, honestidad, integridad, ternura, pureza, humildad, mansedumbre. Es decir, lo que nos hace verdaderamente humanos, en el sentido pleno del término. Lo que importa es nuestro fuero íntimo, la calidad de nuestros sentimientos hacia Dios y hacia los demás.
Hoy, Dios sabe lo que hay en tu corazón. No pretende hallar perfección en él, pero sí sensibilidad, sencillez, deseos de andar en sus caminos. Sabe de tu ternura, de tu deseo de ser íntegro, honesto, puro; de tu deseo de amar a la gente y hacerle el bien, y nunca dañar a otros. Si tal es tu corazón, no te importe tu apariencia, tus títulos, tus logros o tu posición social y económica. A Dios le interesa tu corazón, que es lo único que llevarás al cielo cuando Él regrese a buscarnos.
Tomado de: “El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie.
No olvidemos  el texto Bíblico de la reflexión de hoy:

"Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón." 1 Samuel 16:7.
             

Que siempre apreciemos lo que es de verdadero valor en las personas y valoremos lo que nuestro Dios y Padre valora.
                                                       JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                  DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
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Aun cuando nuestra sociedad occidental, desde hace más de doscientos años, se ha venido convirtiendo en escéptica, secularizada, antirreligiosa, todo el mundo tiene sus “dioses”.
Porque un dios es, por definición, aquello que ocupa un lugar supremo en nuestra mente; lo que admiramos por encima de todo; aquello a lo que le otorgamos nuestra lealtad y el supremo afecto; lo que rige, en última instancia, nuestro pensamiento y nuestra voluntad. Aquello que creemos que nos puede dar la felicidad suprema, definitiva.
La pregunta es: ¿merecen todos estos dioses humanos nuestra devoción suprema y nuestra lealtad incondicional; que estructuremos nuestra vida y nuestra voluntad en función de ellos? ¿Realmente pueden garantizarnos la felicidad inefable que buscamos de ellos?
Por otra parte, ¿merece Dios, el Creador revelado en la Biblia, que realmente lo consideremos “nuestro Dios”; es decir, que sea nuestro objeto supremo de devoción y lealtad? ¿Tiene él tales características, tales cualidades, tales sentimientos y tal trato con nosotros, y es capaz de ofrecernos una promesa suprema y duradera de felicidad, que ameriten que lo constituyamos en nuestro Dios?
Esta pregunta solo puedes contestarla tú en la medida en que conozcas al Dios creador y Padre amante tal como él se ha revelado en la naturaleza, en las experiencias de tu vida y la de otros, y en su Revelación suprema, la Biblia, y sobre todo en la vida de su Hijo Jesucristo.
Todo el problema del “terrible experimento de la rebelión”(iniciada por Satanás en el cielo) tiene que ver con si erigimos a Dios en nuestro corazón como lo que realmente es, “nuestro Dios”: si le damos el primer lugar en nuestra vida o si nos colocamos a nosotros mismos, o a otros seres o cosas, como nuestro dios.
A medida que conozcas la grandeza de su carácter, los alcances infinitos de su amor por ti, los gloriosos planes que tiene para tu vida, y el destino final feliz y eterno que tiene reservado para tu existencia, te irás dando cuenta de que nada hay en este mundo que se compare con Dios. Nada puede ser tan satisfactorio, nada te puede garantizar la felicidad como él, nada ni nadie merece ocupar su lugar en tu corazón.
Tomado de: “El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie.
No olvidemos  el primer mandamiento Bíblico:
       "No tendrás dioses ajenos delante de mí" . Éxodo 20:3.           

Que cada día tomemos la decisión que nada ocupe el lugar que nuestro Dios Creador merece, ya que el dinero , la fama y cualquier otra cosa no son dioses verdaderamente.
                                                             JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
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Hoy en día, se está difundiendo cada vez más la idea de que no hay que arrepentirse de nada. En la base de este pensamiento está el concepto de que no somos malos, sino que al buscar y tantear medios para ser felices a veces nos equivocamos.
David, luego de su terrible pecado de adulterio con Betsabé y de homicidio del marido de ella, Urías, fue interpelado por el profeta Natán, enviado por Dios, para ser salvado del camino de perdición en el cual se había embarcado (ver 2 Sam. 12:1-9). David, entonces, reconoce su maldad, se arrepiente y escribe el Salmo 51.
Allí, David reconoce que lo único que le da derecho al perdón de Dios es la misericordia misma de su Creador, y se refugia en ella: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades” (Sal. 51:1).
Pero no solo pide el perdón de su pecado, no solo quiere asegurarse el favor de Dios y su apoyo en esta vida, sino también, por sobre todo, al sentirse sucio, ruega una limpieza interior, una purificación, un corazón nuevo: “Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mi pecado… lávame, y seré más blanco que la nieve… Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:2, 7, 10).
La escritora cristiana Elena de White lo describe así: “El arrepentimiento incluye tristeza por el pecado y su abandono. No renunciaremos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad; mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en la vida”
¿Sientes que tu vida necesita un cambio? ¿Aspiras a una vida más noble y pura? No olvides que, como dice David acerca de Dios: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:17).
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”. Por: Pablo Claverie.
                   No olvidemos  el mensaje de la Palabra de Dios y pidamos:                         " Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones… Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve… Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi" .
                                                                            Salmo 51:2, 3, 10. 

Que cada día permitamos y pidamos que nuestro Amado Dios nos limpie y purifique y  que el haga su obra en nosotros y por sobre todo pidamos que nos use para ser instrumentos suyos para que otros conozcan de su poder restaurador y purificador.
                                                               JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                          DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
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El éxito no aparece de un día para otro. En la vida todo conlleva tiempo y esfuerzo; y si del jardín se trata, la paciencia es la mayor virtud del jardinero.
Terminaba la estación invernal y mi jardín parecía un solar aban­donado. Apenas era una triste maraña de arbustos carente de flores y rosales poblados de hojas secas del verano. Tuve la sensación de que mi jardín nunca más iba a reponerse. Allí habitaba el olvido. De seguro el mundo vegetal había olvidado que era hora de reanudar su curso. Solo yo sentí la impaciencia.
Me disponía a regresar a la casa con este pensamiento cuando sentí que alguien tiraba de mi cabello. Alguien en mi jardín requería mi in­mediata atención, y se negaba a soltarme. Al voltear la cabeza, noté que era un rosal, cuyas ramas desnudas y espinosas se habían enredado en mi cabello. Tuve la sensación de que la rosa me obligaba a escucharla; me decía: “Mírame, y aprende de la naturaleza”. Era una de mis rosas favoritas. Nada había en aquel rosal en ese momento que invitase la admiración. No había una sola flor, un solo pimpollo, un solo pétalo que lo hermoseara. Y sin embargo, todo en él hablaba de una belleza futura.
De repente, la imagen de aquel rosal, adornado con sus rosas de verano, apareció en mi mente. Recordé su belleza, su delicada fragancia, la suavidad de sus pétalos, sus colores exquisitos… y me encontré en falta delante de aquel rosal despojado, que tan bien sabía esperar su tiempo.
Salomón nos deja claro que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Ecl. 3:1). Es normal que a veces nos desanimemos. Es normal que a veces pensemos que Dios demora en regresar a esta tierra o en contestar una oración, o que nuestros pro­blemas no se van a solucionar nunca. Pero debemos recobrar el ánimo. Las promesas de Dios no fallan. Todo tiene su propio tiempo debajo del cielo. Y cuando de la eternidad se trata, Dios tiene su propio tiempo.
Dios cumplirá sus promesas bajo cualquier circunstancia. Nuestra esperanza es “la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tilo 1:2).
Olga Valdivia
Tomado de: Lecturas devocionales “Jardines del alma”- Por: Diane de Aguirre
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Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, escribió una his­toria basada en una experiencia personal, que tituló “La sonrisa”. Narra que durante la Guerra Civil Española, en la que combatió contra las tropas de Franco, fue capturado y apresado, y se dispuso su ejecución para el día siguiente. Este es su testimonio:
“Estaba seguro de que iba a morir. Estaba terriblemente nervioso y angustiado. Hurgué mis bolsillos en busca de algún cigarrillo. Encontré uno y, como me temblaban las manos, difícilmente pude ponerlo en los labios. Pero no tenía fósforos, pues me los habían quitado. Miré al guardia a través de los barrotes de la prisión. Él no hizo contacto visual alguno conmigo. Lo llamé: ‘¿Tiene un fósforo, por favor?’. Me miró, se encogió de hombros, y se acercó para encender mi cigarrillo. Cuando lo hizo, inadvertidamente su mirada se encontró con la mía. Y le sonreí. No sé por qué, pero lo hice. Quizás estaba nervioso; quizá fue porque, cuando estás muy cerca de otro, es difícil no sonreír… Sé que él no lo quería, pero mi sonrisa atravesó las barras de la prisión y generó también una sonrisa en sus labios… Mantuve la mía, viéndolo ahora como a una persona y no como a un carcelero. Su mirada parecía tener también una nueva dimensión para mí.
-¿Tiene hijos? -me preguntó.
-Sí, aquí, aquí -le respondí.
Saqué mi cartera, y nerviosamente busqué las fotografías de mi familia. El también sacó las fotografías de sus hijos, y comenzó a hablar de sus planes y esperanzas para ellos. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Le dije que temía que nunca vería de nuevo a mi familia. No tendría oportunidad de verlos crecer. Las lágrimas llenaron también sus ojos.
“De repente, sin decir palabra, abrió la puerta de mi celda, y en si­lencio me sacó de ella; sigilosamente, y por calles desoladas me sacó de la ciudad. Una vez allí, en los linderos, me liberó. Y sin emitir palabra, regresó a la ciudad”. Saint-Exupéry termina el relato con la sugestiva reflexión: “Una sonrisa salvó mi vida”
Florencia Benech Dreher.
Tomado de: Lecturas devocionales  2015 “Jardines del alma.
Que cada día a pesar de las pruebas y dificultades que se nos presenten, recordemos que una sonrisa puede marcar la diferencia y hasta puede salvarnos la vida . Bien dice la sabiduría divina: " El corazón alegre hermosea el rostro" . (Proverbios 15:13)
                                                                 JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
                                          DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
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Hay Alguien cuya palabra “pesa” más que toda opinión humana: es la voz del Ser infinito, omnipotente, sabio y fuente de amor. Y lo más maravilloso es que este Ser, Dios, dejó a la humanidad, como un legado del Cielo, su Revelación escrita, la Santa Biblia, para que podamos escuchar su voz infalible, exenta de error y de impureza y engaño.
¿Cómo leer la Biblia con provecho, para que sea por “gozo y alegría” de nuestros corazones?
 Lo primero que me parece importante destacar es que, si bien la Biblia contiene mucha información interesante y necesaria desde el punto de vista histórico, geográfico, cultural, etc., por sobre todo es un libro espiritual, y eso es lo que debemos buscar mediante su lectura. Por lo tanto, cuando abras sus páginas, no lo hagas básicamente para buscar datos o información, sino para tratar de ponerte en comunión con Dios.
 No debería ser una lectura meramente intelectual sino principalmente reflexiva. Pregúntate qué tiene que ver con tu vida lo que estás leyendo; qué te enseña sobre la condición humana, sobre ti mismo; qué punto de contacto tiene con lo que te pasa, con lo que sientes, con lo que eres, con tu comportamiento, tus actitudes, tu filosofía de vida, tus valores, tus principios, tus patrones psicológicos, tus hábitos y tu conducta.
Por sobre todas las cosas, léela para saber qué te enseña acerca de Dios: cómo es él; cómo se relaciona con el ser humano; cómo es su carácter y su trato con los hombres, qué sentimientos tiene hacia ti; cuál es su voluntad moral para tu vida; y qué te promete.
Puedes leer libro por libro, de principio a fin; leerlos en el orden que te parezca; o incluso leer una porción de un libro distinto cada día. No es tan importante que abarques mucho material como que lo que leas te quede en el corazón y sientas que te ha alimentado el alma.
Lo importante es que pidas la iluminación de Dios para que puedas interpretar correctamente su Palabra y aplicarla con profundidad a tu vida, ya que la sabiduría humana no basta para entender la Revelación de Dios. ¡Bienvenido al festín!
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie.
 No olvidemos  el mensaje de nuestro Amado Dios,por medio del profeta Jeremías: 
"  Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" . Jeremías 15:16.

                                                           JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
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Una de las consecuencias más dramáticas que tienen las crisis económicas es el incremento de la tasa de desempleo. En España se ha llegado a que una de cada cuatro personas en edad laboral no tenga empleo. ¡Una verdadera tragedia humana y económica! El escritor Rainer Maria Rilke visitó una vez en París el escultor Auguste Rodin y le preguntó:
                -¿Cómo hay que vivir?
                -Trabajando –contestó Rodin.
                -Lo comprendo bien –dijo Rilke-, siento que “trabajar es vivir sin morir”, de lo que se puede deducir que “estar sin trabajo es morir sin vivir”.
                Así es, este es el drama de millones de personas en el mundo que sufren el desempleo.
                Pero hay un Dios en los cielos… cuando me he quedado sin trabajo y sin pan en el hogar; cuando no consigo empleo o, porque tengo más de cincuenta años, nadie me quiere contratar; cuando necesito trabajar y no puedo porque las empresas están cerradas y ya no sé dónde buscar; cuando paso inútilmente días enteros en las filas del Sistemas Nacional de Empleo; cuando no puedo subvenir a las necesidades de mi familia y nos falta el pan y lo esencial; cuando la prestación que recibo del estado se me acaba; cuando por estar desocupado, me siento deslucido, como una carga para la sociedad o como un parásito.
                Jamás hemos de olvidar que «Dios dio el trabajo como una bendición para que el hombre ocupara su mente, fortaleciera su cuerpo y desarrollara sus facultades. […] La vida de trabajo y cuidado […] le fue asignada por amor a él. […] Era parte del gran plan de Dios para rescatar al hombre de la ruina y la degradación del pecado» (Patriarcas y profetas, págs… 31,44). El trabajo agradable y vigorizador formó parte del plan de Dios para la criatura humana antes y después del pecado; Pablo recomienda a los tesalonicenses la laboriosidad y la faena como medio honrado de subsistencia y buen testimonio para los extraños. Entonces, si esto es así, ¿por qué no reclamar que Dios nos dé ese trabajo que él bendijo? David lo sabía cuando escribió: «Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan» (Salmo 37:25).
                Que el Señor te ayude hoy a confiar en esta promesa y ser fiel a su Palabra.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2015 “Pero hay un Dios en los cielos” Por: Carlos Puyol Buil.

 No olvidemos  el mensaje de nuestro Amado Dios, por medio del Apóstol Pablo:
 «Procurad tener tranquilidad, ocupándoos en vuestros negocios y trabajando con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada». 
(1 Tesalonicenses 4: 11-12)

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR

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