REFLEXIONES PARA VIVIR

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Una de las consecuencias más dramáticas que tienen las crisis económicas es el incremento de la tasa de desempleo. En España se ha llegado a que una de cada cuatro personas en edad laboral no tenga empleo. ¡Una verdadera tragedia humana y económica! El escritor Rainer Maria Rilke visitó una vez en París el escultor Auguste Rodin y le preguntó:
                -¿Cómo hay que vivir?
                -Trabajando –contestó Rodin.
                -Lo comprendo bien –dijo Rilke-, siento que “trabajar es vivir sin morir”, de lo que se puede deducir que “estar sin trabajo es morir sin vivir”.
                Así es, este es el drama de millones de personas en el mundo que sufren el desempleo.
                Pero hay un Dios en los cielos… cuando me he quedado sin trabajo y sin pan en el hogar; cuando no consigo empleo o, porque tengo más de cincuenta años, nadie me quiere contratar; cuando necesito trabajar y no puedo porque las empresas están cerradas y ya no sé dónde buscar; cuando paso inútilmente días enteros en las filas del Sistemas Nacional de Empleo; cuando no puedo subvenir a las necesidades de mi familia y nos falta el pan y lo esencial; cuando la prestación que recibo del estado se me acaba; cuando por estar desocupado, me siento deslucido, como una carga para la sociedad o como un parásito.
                Jamás hemos de olvidar que «Dios dio el trabajo como una bendición para que el hombre ocupara su mente, fortaleciera su cuerpo y desarrollara sus facultades. […] La vida de trabajo y cuidado […] le fue asignada por amor a él. […] Era parte del gran plan de Dios para rescatar al hombre de la ruina y la degradación del pecado» (Patriarcas y profetas, págs… 31,44). El trabajo agradable y vigorizador formó parte del plan de Dios para la criatura humana antes y después del pecado; Pablo recomienda a los tesalonicenses la laboriosidad y la faena como medio honrado de subsistencia y buen testimonio para los extraños. Entonces, si esto es así, ¿por qué no reclamar que Dios nos dé ese trabajo que él bendijo? David lo sabía cuando escribió: «Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan» (Salmo 37:25).
                Que el Señor te ayude hoy a confiar en esta promesa y ser fiel a su Palabra.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2015 “Pero hay un Dios en los cielos” Por: Carlos Puyol Buil.

 No olvidemos  el mensaje de nuestro Amado Dios, por medio del Apóstol Pablo:
 «Procurad tener tranquilidad, ocupándoos en vuestros negocios y trabajando con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada». 
(1 Tesalonicenses 4: 11-12)

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR

Nuestra galaxia, La Vía Láctea, es una de las miles de millones de galaxias que pueblan el universo. Tiene un diámetro medio de 100 mil años luz. Como la luz viaja a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo, para poder recorrer este diámetro medio de nuestra galaxia, ¡deberías viajar durante 100 mil años a esta velocidad! ¿Te imaginas, entonces, la dimensión abrumadora de nuestra galaxia? ¿Y del universo, teniendo en cuenta que hay miles de millones de galaxias iguales o más grandes que la nuestra?
Se calcula que la Vía Láctea está compuesta por más de 200 mil millones de estrellas. Y lo más asombroso es que toda esta casi infinidad de colosos no está quietecita, estática, con cada astro ocupando una posición inamovible. Por el contrario, todo se encuentra en permanente movimiento. Sin embargo, la órbita de los planetas no es circular, sino elíptica, y la velocidad no se mantiene constante, sino que, “inteligentemente”, en los extremos de la elipse esta velocidad se reduce.
El gran astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) quedó tan asombrado por la precisión, el orden y la adecuación de estos movimientos que no pudo menos que ver, en su modelo cosmológico, “una celebración de la existencia, sabiduría y elegancia de Dios”.
El universo muestra tal orden, tal planificación, tal poder que lo controla, por los cuales cada astro y cada galaxia ocupan un recorrido específico dentro del gran “mapa celestial”, que no podemos menos que concluir que hay un gran Creador y Gobernante cósmico que lo dirige. Este ser está dotado de tal poder infinito y sabiduría sin límites que nos asegura que, a pesar de todo, vivimos en un universo seguro, que está en buenas manos. Ese ser maravilloso es Dios, tu Creador y Sustentador, que aunque es tan grande como para sostener y gobernar el cosmos, sin embargo tiene un interés especial en tu persona y desea dirigir tu vida, para que cumpla el “recorrido” sublime y feliz que ha planeado para ti.
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”- Por: Pablo Claverie.
Recordemos siempre que tenemos un Dios Creador que nos ama y nos dice: ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza. Isaías 40:25, 26
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
En un camino nevado, al ver las huellas que dejan los animales, el hombre o algún vehículo, podemos concluir con total certeza que alguien o algo pasó por allí. No podemos, si somos inteligentes y razonables, por mucho que nos jactemos de esto, concluir que esas huellas se produjeron solas, como producto del azar. El efecto (las huellas) nos señala, con total seguridad, que hubo una causa eficiente que lo produjo (el paso del animal, del hombre o del vehículo por ese lugar).
Lo mismo sucede con las obras tecnológicas creadas por el hombre: tantas y tantas obras de la ingeniería y la inteligencia humanas que nos asombran por su organización, su complejidad y la cantidad de funciones que pueden cumplir. Nadie, en su sano juicio, y con un mínimo de inteligencia, podría afirmar que estos aparatos se fabricaron solos; que llegaron al mundo por azar; que sus numerosísimas piezas constitutivas -cada una de las cuales encierra en sí toda una complejidad y organización- llegaron a la existencia por un capricho de la naturaleza, mediante un lento proceso evolutivo en el que cada uno de sus componentes se fue uniendo fortuitamente el uno con el otro.
Con mucha más razón, la grandeza, la organización precisa, la complejidad, la perfección y la belleza de la naturaleza, del cosmos, del mundo en que vivimos, dan evidencias, pistas o “huellas” de la presencia de un Creador, de un gran ingeniero cósmico, de un gran artista maestro. La racionalidad, el diseño, la hermosura de la naturaleza, parecen decirnos a gritos: “Dios pasó por aquí”.
No, no puedes “probar” que Dios existe; pero puedes ver su mano poderosa, sabia y amante en el mundo en el que vives y, lo que es más importante, en esa maravilla viviente que es tu propio cuerpo, que eres tú mismo. Tu propia existencia es una evidencia de la existencia de Dios. ¿Por qué no pruebas hoy relacionarte con ese ser maravilloso que te ha creado de una manera admirable para que seas feliz?
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”
Por: Pablo Claverie.


JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR

¿Alguna vez has cometido adulterio traicionando a una persona que consideras muy noble, de tu entera confianza y muy allegada a ti?
Para el colmo, la mujer con la que realizaste esa traición quedó embarazada de ti y aunque procuraste arreglar las cosas mediante todas las trampas posibles te fue imposible lograr que el marido de ella, tu amigo pasara como padre del que sabías que iba a ser tu hijo.
Entonces en una medida desesperada, ya no podías soportar el posible bochorno y la condenación social, ¿no tuviste mejor idea que quitar del camino a tu amigo, mandándolo a asesinar?
Por supuesto, no estoy hablando de ti en esta reflexión, sino del rey David.
No creo que la mayoría de los lectores de estas meditaciones hayan cometido maldades tan graves. Sin embargo, todos nosotros, en mayor o menor grado, sabemos de nuestras caídas morales; de los actos malos que hemos cometido, y que han dañado y herido a otros o que nos han degradado, pervertido y empequeñecido a nosotros mismos, y que nos hacen sentir miserables. O sin llegar a los actos sabemos cuántos pensamientos egoístas, avaros, orgullosos, llenos de amor propio, envidia, celos, de ambición egoísta o impureza rondan por nuestra cabeza.
¿No sentimos que, más allá del perdón humano, si es que lo hemos recibido, necesitamos el perdón, la comprensión y la restauración de Alguien superior? Sí, de alguien que, aunque es infinitamente bueno, puro y noble, sea capaz de decirnos: “Yo te acepto como eres, te comprendo en tus luchas morales y te voy a ayudar a transitar el camino, muchas veces, doloroso de la purificación moral”.
Si sientes la misma necesidad de David, debes saber que hay Alguien superior que te comprende y te puede dar el perdón que no mereces pero que necesitas. Por eso también, necesitas a Dios.
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”
Por: Pablo Claverie.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR
El aire está cargado de expectativa. Usain Bolt está en la línea, con los corredores más rápidos del mundo, en las Olimpiadas. Cada atleta está agachado, con las puntas de los dedos de las manos y los pies tocando el suelo. El oficial levanta el revólver de salida en el aire y dice: "Corredores: en sus marcas... listos...", ¡y aprieta el gatillo! Los atletas salen como disparados hacia la llegada. El cerebro solamente necesitó un nanosegundo para interpretar y transferir las palabras desde los oídos hasta los pies.
 ¿Y si uno de los corredores hubiera tenido tapones en los oídos o estuviera escuchando su MP3? ¿Habría escuchado el disparo o no hubiera prestado atención a la importante voz que debía escuchar en ese momento en particular?
Oír nos ayuda a comunicarnos con otros, y puede causar distintas reacciones y emociones. Algunos sonidos son tranquilizadores, mientras que otros nos irritan y causan estrés. Lo que oímos puede asustarnos, hacernos huir o paralizarnos. Las palabras que pronunciamos pueden tener un efecto muy profundo en las personas que las escuchan. Por eso, nuestras palabras siempre deberían estar "sazonadas con sal" (Colosenses. 4:6).

Lo que escuchamos y hacemos tendrá una gran influencia sobre el equilibrio de nuestra pauta moral. Por eso es tan importante que sigamos los principios de Proverbios sobre el escuchar y estar listos para hacer lo que Dios requiere. Proverbios 4:26 y 27 estipula que miremos el camino por donde nuestros pies andan, para no desviarnos de la vía que Dios nos ha dado. Proverbios 4:11 al 14 nos asegura que Dios guiará nuestros pies; y Proverbios 10:9 nos recuerda que "quien se conduce con integridad, anda seguro".
Fuente: Lección Joven 2015 - Proverbios.
Una página en blanco podría parecer que no dice nada porque nada hay escrito en ella, pero puede sugerir o insinuar muchas cosas. Una página blanca es una página inmaculada, limpia, sin borrones ni manchas.
También es símbolo de lo inédito; es el espacio donde todavía se pueden escribir proyectos, trazar itinerarios, determinar acciones del futuro. 
El gran poeta Rabindranath Tagore, escribió estos maravillosos versos: “Has escrito ya muchas páginas en tu libro;/ unas son tristes, otras alegres,/ unas limpias y claras,/ otras son borrosas y oscuras./ Pero aún queda una página en blanco, la que has /de escribir en este día./ Te falta por llenar la página de hoy./ Piensa y quiere que esta sea la página/ más bella, la más sincera, la más sentida./ Cada mañana al despertar recuerda/ que aún has de llenar la mejor de tus páginas,/ la que dirá lo mejor que tú puedes dejar en el libro/ que estás escribiendo con tu propia vida./ Piensa que siempre te falta por escribir/ la página más bella”.

Al comienzo de un nuevo año, la página blanca significa tiempo de oportunidad, de empezar de nuevo, de dejar atrás experiencias rotas. Es tiempo, para algunos, de resucitar como el hijo de la viuda de Naín cuando Jesús le dijo: “Joven, a ti te digo, levántate” (Luc. 7:14). Y la oportunidad nos trae a nosotros los cristianos retos y desafíos. En este nuevo año, estamos llamados a marcar el rumbo de la iglesia en un mar de confusión y vientos vertiginosos. Hoy, cuando debemos afrontar los hechizos de un mundo devorador de conciencias, cuando el tiempo se nos acaba para el cumplimiento de la misión, Dios nos da la providencial oportunidad de escribir la página más bella, la mejor de nuestras páginas.

La página blanca representa también tiempo de aceptar compromisos. Daniel, al llegar a Babilonia, deportado, separado de sus padres, aunque escogido para formar parte de la corte caldea, y aun sabiendo el peligro que corría en aquel ambiente corrupto, tomó una importante resolución que escribió en esa nueva página de su vida: “Propuso en su corazón no contaminarse” (Dan. 1:8).
En este año, tú también proponte no contaminar tu vida con malas influencias. Deja que el cielo te use como un poderoso testimonio de que hay un Dios en los cielos...
 Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2015 “Pero hay un Dios en los cielos” Por: Carlos Puyol Buil.

 Al iniciar este nuevo año 2015,  por la gracia de nuestro Buen Dios, recordemos el consejo bíblico que nos dice: “Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará ” (Salmo 37:5).

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR

La madrugada del jueves 21 de octubre de 2010 despertó a Montevideo con una noticia triste: El Cilindro Municipal, estadio deportivo con sesenta años de historia, campeonatos, festivales artísticos de todo tipo y grandes e importantes eventos nacionales e internacionales, se había incendiado.


Con forma cilíndrica, como su nombre indica, se erigía en la esquina de dos conocidos bulevares. Este gigante arquitectónico era un emblema para la sociedad uruguaya. Es difícil imaginar la historia de Montevideo sin él. Sin embargo, ahí está, destruido. Las fotos periodísticas que dieron la vuelta a América son más que elocuentes. No queda casi nada del viejo edificio cilíndrico.

Cuando pensamos en las grandes obras arquitectónicas hechas por los hombres alrededor del mundo y reflexionamos en sus fantásticas historias, se nos hace difícil aceptar que muchas de ellas ya no están o que pueden, de un momento a otro, desaparecer. En cambio, la obra de Dios es maravillosa y eterna. Todo lo creado, especialmente su naturaleza, habla de su pródiga mano creadora. Grabado a fuego en cada criatura está el sello de su obra y de su incomparable amor.

David cantó: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19:1). Todo lo creado nos muestra su infinito poder creador y la eternidad de la obra que vino a la vida por su palabra. Dios existe y es desde antes de todo lo que imaginamos, de todo lo que creemos y de todo lo que pensamos. Él es “desde el siglo y hasta el siglo”, es decir, eterno.

Querido amigo, al terminar este año, seguramente has sentido muchas veces la tristeza de haber perdido a alguien amado, o la angustia de haber visto tus planes sucumbir bajo el peso del calendario. Cuando sientas nostalgia, angustia o inquietud por lo que ya no está o por lo que pudo ser, recuerda que Dios siempre estuvo, siempre está y siempre estará. No muda. Desde siempre y hasta siempre él es tu Dios.

Gladys Saucedo de Villca, Uruguay.

“Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”. Salmos 90:1,2.

Un año mas de historias alegres y tristes se va, pero de todas ellas podemos sacar lecciones valiosas para nuestra vida por lo que debemos estar muy agaradecidos y recordar siempre que Nuestro Dios de amor un día nos dará muchos años sin fin por la eternidad , donde ya no habrá muerte, llanto , ni dolor. Que esa esperanza este siempre en nuestro corazón y nos motive a compartirla con los que viven sin fe ni amor.

JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR


Esa mañana Luciana salió para su trabajo más temprano que de costumbre, cargando su bolso. La atmósfera era primaveral y su corazón rebosaba de gratitud a Dios.
Había dado unos pocos pasos cuando, antes de que pudiera notarlo, oyó que detrás de ella se acercaba un grupo de jóvenes. Por las cosas que gritaban se dio cuenta de que sus intenciones no eran, para nada, pacíficas. Su angustiosa sorpresa se transformó en terror cuando vio aparecer, por la misma vereda y en dirección contraria a la suya, a un hombre joven, con la cara cubierta, que llevaba una navaja en la mano derecha.
En ese momento Luciana apenas atinó a mirarlo brevemente tratando de no perder su serenidad e imploró la protección de Dios. Cuando el hombre de la navaja llegó frente a ella, le dijo con voz amenazadora: “Dame todo lo que tengas de valor”.
Como si hubiese estado preparada, Luciana metió la mano en su bolso y sacó su Biblia. Ante el asombro de todos, la puso en las manos del hombre y siguió rápidamente su camino sin que nadie la atacara. Ella se alejó agradeciendo a Dios por su protección. Y no supo nada más acerca del hombre que recibió su Biblia.

Pasó el tiempo y ya el mal momento se iba desdibujando de la memoria de Luciana. Un día, en un congreso de jóvenes, un hombre joven pasó al frente para dar su testimonio de cómo había conocido a Jesús. Relató que había llevado una vida delictiva y peligrosa participando en robos y asaltos, hasta que asaltó a una señorita, exigiéndole que le entregara todo lo que tenía de valor, esta lo dejó perplejo porque sacó una Biblia de su bolso y se la entregó sin gritar ni decirle una sola palabra. Fue tal la sorpresa que no supo reaccionar enseguida. Se quedó con la Biblia en la mano y por curiosidad se puso a leerla. El Espíritu Santo tocó su corazón y tiempo después se entregó a Jesús.
Dios puede usar su Palabra de muchas maneras, siempre que nosotros le permitamos que nos use como sus instrumentos. Esto está garantizado por el que vigila cada uno de nuestros pasos.

Celia Rojas de Samojluk, Argentina.

La soledad es mala compañía, más vale solo que mal acompañado” son adagios nacidos de la experiencia, pero ¿Cuál de los dos están más cerca de la verdad? No sé cuál es la verdad. Ni siquiera sé si al respecto existe una verdad, ni quién la tiene. Lo que sí sé es que la soledad no tiene por qué ser un enemigo, ni causa de miedo ni de vergüenza.
Nuestra cultura señala y mortifica a las personas solas, al punto que ras, viudas, divorciadas prefieren vínculos poco o nada satisfactorios antes de pertenecer a la categoría de “solas”, pero que esto suceda no quiere decir que la soledad sea temible, alienante ni indeseable.
La soledad es un estado del alma, una proyección de la vida interior. Difícilmente un interior “lleno” de buenas realizaciones y propósitos proyecte soledad, vado o ausencia. Al contrario, la soledad nos enfrenta con nosotras mismas. Es beneficiosa y necesaria cuando la usamos para auto conocernos y saber quiénes y cómo somos en realidad.
La vida de hoy nos ametralla con tantas actividades y exigencias que la soledad se hace imprescindible. Es en soledad que podemos identificar y evaluar nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones, porqués, dudas. Es en soledad que ponemos nuestra vida interior en orden. Es en soledad que nos fortalecemos espiritualmente y estrechamos nuestra comunión con Dios. Es en soledad que nos enriquecemos para enriquecer a otros.
¿Será que rehuirnos la soledad por miedo a encontrarnos con nosotras mismas? ¿¿O quizá para no descubrir cómo somos realmente? ¿O porque tememos el qué dirán? Hoy los solos buscan toda forma posible de agruparse o llenar su soledad con ruido, televisión, Internet, celular, viajes. Hasta las iglesias crean asociaciones o actividades para solos. ¿Será que la soledad se resuelve de esa manera? Creo que no. La soledad no se resuelve en compañía de otras soledades. Se supera con proyectos, sentido, altruismo, una fuerza interior plena, amor a la vida y la presencia constante de Dios. Entonces, ¿por qué temerle? Desplacemos el yo y dejará de aterrorizarnos.
Mónica Casarramona, (Argentina)

Recuerda, mucha razón tiene la palabra de nuestro buen Dios, cuando dice  "Se alegrarán el desierto y la soledad […] porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad ". (Isaías 35:1,6). 

Un amigo es un tesoro valioso. Jesús tuvo en Lázaro esa persona especial ,en la que pudo confiar, con quien podía estar tranquilo y descansar. Lázaro no era un discípulo, no lo seguía por todos lados; pero era un amigo y le daba al Maestro la tranquilidad de saber que había una casa en la que podía reposar.
Ese amigo se enferma y Jesús, el gran Médico, no lo sana. Bastaba con decir una palabra, y Lázaro se habría recuperado. Por el contrario, Cristo espera a que muera para emprender el viaje. Hay cosas que en un primer momento no conseguimos entender. Hay demoras que incomodan. Hay situaciones que extrañan. Lo que no podemos olvidar es que Dios está en el control y que, pase lo que pase, es nuestro Amigo.
El grupo de discípulos llega a Betania cuatro días después de la muerte de Lázaro. Todas las dudas que la resurrección de la hija de Jairo había dejado en las mentes incrédulas de los dirigentes religiosos y todas las preguntas que habían surgido cuando se enteraron de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, ahora quedan definitivamente saldadas: Cristo tiene poder sobre la muerte.
Al parecer, había creencias populares que decían que había un periodo de tres días durante los cuales el alma del muerto intentaba volver al cuerpo, para reintegrarse con él. Después del tercer día, el alma veía cómo se había desfigurado el cuerpo, y entonces ya no regresaba más. Ese mismo periodo era usado por los familiares para visitar la tumba diariamente, con la esperanza de que el diagnóstico mortal hubiera sido un error médico, y que el “muerto” en realidad solo haya estado “enfermo”.
Cristo llega a Betania cuando todas las esperanzas terrenales habían desaparecido. La ciudad estaba a pocos kilómetros de Jerusalén, por lo que, seguramente, muchos habitantes de la ciudad capital todavía estaban acompañando a las hermanas en su luto. Jesús –la esperanza de vida eterna– consuela a Marta y a María, llega frente a la tumba, llora por el dolor del pecado, pide que corran la piedra y dice: “¡Lázaro, sal fuera!”
Es tanto su poder que si no hubiera dicho el nombre de su amigo, todos los muertos habrían resucitado en la misma hora.
Ese mismo poder está a tu alcance para resucitar tu vida espiritual, para resucitar tu fe y para sacarte de la tumba del pecado.
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014

“365 Vidas”- Por: Milton Betancor

Recuerda, la Palabra de Dios dice:
Dicho esto, añadió: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo”.Juan 11:11.
Un día, el Señor Jesús despertará del sueño de la muerte a sus amigos que murieron, como lo hizo con Lázaro. Que cada día seamos mas amigos de El y ayudemos a que mas personas sean amigos de nuestro Salvador y Maestro.
JOHN CARLOS SOTIL LUJAN
DIRECTOR DEL WEB BLOG REFLEXIONES PARA VIVIR

Si somos pacientes, es menos probable que nos apresuremos por tener cosas para las cuales no estamos preparados. La paciencia puede evitar que actuemos de manera impulsiva. Puede ayudarnos a aceptar nuestras limitaciones e intentar de nuevo. Y nuestra paciencia es beneficiosa para otras personas también. No es fácil para nadie tratar con alguien que está siempre ansioso y estresado; sin tiempo para nada.

Sin embargo, no siempre es fácil ser paciente; es algo que tenemos que aprender. Aquí hay cinco consejos sobre cómo convertirnos en una persona más paciente.

1.    Define qué te hace impaciente. Generalmente, somos impacientes porque        estamos apurados o bajo algún tipo de presión. ¿Por qué eres impaciente?

2.    Aprende a relajarte. Si te sientes impaciente, debes aprender a respirar profundo, relajarte y "soltar" esas cosas que te preocupan.

3.    Mantente positivo. Recuerda que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Todo saldrá bien.

4.    Observa la imagen completa. La gente hoy en día habla de "problemas del primer mundo". Estos son los problemas que solo tienen las personas privilegiadas. Tenemos que ver la imagen completa, y dejar de preocuparnos por pequeñeces. Por ejemplo, quizá no nos guste lo que tenemos para desayunar, pero somos afortunados por tener algo para desayunar.

5.    Descansa. Esto tiene dos significados. Primero, debemos tomarnos descansos cada día para sentarnos y pensar. Segundo, debemos reconocer que el mundo no es perfecto; nosotros no somos perfectos.

La Biblia deja en claro que la paciencia es una virtud. Pablo dice que la paciencia es parte del fruto del Espíritu, junto con el amor, la alegría, la paz, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la humildad y el dominio propio (Gálatas 5:22, 23). Y David describe a Dios mismo como "clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor" (Salmo 103:8).

Hay cosas que, simplemente, suceden. Quizá, no siempre sucedan cosas buenas a los que esperan, pero la mayoría de las cosas buenas que suceden no ocurren rápidamente. Después de todo, los israelitas pasaron cuarenta años en el desierto antes de estar listos para entrar en la Tierra Prometida. ¡Eso es paciencia!


Charlotte Waller, Reading, Inglaterra. (Tomado de Lección para jóvenes - cuarto trimestre 2014 , pag. 79).

 LA POPULARIDAD DE PROGRAMAS DE TELEVISIÓN como “¿Quién quiere ser un millonario?”, o similares, sugiere que muchos gozan con la fantasía de pasar de pobres a ricos, y tal vez esperan que eso les suceda.
Pero la riqueza no es todo lo que mucha gente cree. Hay estudios que su gieren que los ingresos crecientes siguen la ley de resultados decrecientes: más allá de vivir con comodidad, más posesiones no compran más felicidad.
Relaciones apropiadas, satisfacción con el trabajo y una vida con propósito contribuyen más a la felicidad que la riqueza. Las cosas mejores son gratuitas, tales como palabras amables, una sonrisa, un oído que escucha, actos bondadosos, aceptación, respeto, un toque de simpatía y una amistad genuina. Aún más preciosos son los dones de Dios: fe, esperanza, sabiduría, amor, contentamiento, y muchas otras bendiciones que vienen con la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida. La ironía es que, aunque estamos de acuerdo con estos sentimientos, la vida diaria sugiere que a menudo el egoísmo manda. 
El capítulo 5 de Santiago comienza con un fuerte impacto: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán” (Sant. 5:1 ( CB ) ). Sin duda, eso habría logrado la atención del lector. Santiago 1:10 y 11 ( CB ) recuerda a los ricos la transitoriedad de la riqueza. En el capítulo 5, insta a los que obstinadamente se aferran a ella a “llorar y aullar”. Es como si el juicio inminente se está derramando ya, ahora. La vívida descripción continúa recordando la retribución divina sobre los excesos que caracterizan el período anterior al retorno de Cristo (ver Luc. 17:27-29; 2 Tim. 3:1, 2; Apoc. 18:3, 7). Una actitud similar satura la iglesia de Dios de los últimos días (Apoc. 3:17). Nota que la palabra griega traducida como “miseria”, en Santiago 5:1, viene de la misma raíz que describe a Laodicea como “miserable”, en Apocalipsis 3:17. Hay mucha injusticia en el mundo, especialmente económica. A veces es difícil de entender por qué algunos se enriquecen explotando a los pobres y, lo que es peor, ¡se salen con la suya!
En los libros de los profetas del Antiguo Testamento, encontramos una preocupación por la justicia y la promesa de que Dios resolverá la situación. Pero este sentimiento de esperanza no parece hacer más fácil este período de incertidumbre, esperando la intervención divina. Por ejemplo, escribiendo en una época de apostasía general en el pueblo de Dios, cuando Babilonia, llena de orgullo, celebraba su poder y prosperidad, el profeta Habacuc planteó a Dios preguntas muy pertinentes (ver Habacuc. 1:2-4, 13, 14). La breve respuesta de Dios era que confiase en él y esperase un poco más (Hab. 2:2-4). Y el profeta hizo justo eso (ver Habacuc. 3:17, 18). 
¿Qué injusticias te queman por dentro con enojo e indignación? Por supuesto, aunque debemos hacer lo que podamos para aliviar la injusticia, ¿cómo podemos aprender a descansar en la promesa de que, cuando todo termine, Dios hará justicia?

 Dr. Clinton Wahlen.
La situación económica mundial parece ir de una crisis a otra; aun los “buenos” tiempos, cuando los hay, rara vez duran mucho, y siempre son seguidos por otro momento bajo. Cualquier apariencia de estabilidad y tranquilidad económicas que el mercado global pudiera ofrecer es pasajera y mayormente imaginaria. El descontento y la inestabilidad crecen mientras la brecha entre ricos y pobres se agranda.
 Esa era la situación cuando Santiago( el apóstol bíblico) escribió que los pobres se desesperaban más y más, y los ricos se volvían más insensibles a la suerte de los indigentes.

Más temprano o más tarde, la riqueza mundanal pierde su brillo para todos nosotros. Aprendemos sus limitaciones y tal vez aun su lado oscuro. El dinero tiene su lugar; el problema es cuando la gente lo pone en el lugar equivocado. 

Santiago dice que el dinero “testificará contra” los que lo usan mal (Santiago. 5:3). Aunque hace esta advertencia en el contexto del tiempo del fin, el punto debería ser claro: cómo usamos nuestro dinero tiene importancia. La imagen de un fuego que consume la carne tiene el propósito de despertarnos a la seriedad de las elecciones que hacemos con nuestro dinero. 

¿Estamos amontonando tesoros que finalmente serán consumidos por el fuego o los ahorramos para la eternidad? (Ver Luc. 12:33, 34.)

Piensa con cuidado en tu actitud hacia el dinero y cómo afecta tus relaciones. ¿Qué dice esto acerca de cómo lo estás usando?


 Dr. Clinton Wahlen.


«¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?» (Santiago 3:13).

 Santiago ya nos ha dado parte de la respuesta cuando nos dijo que si alguien necesita sa­biduría, ha de pedirla a Dios (Santiago 1:5). Por lo tanto, en un sentido muy ele­mental, podemos decir que sabio es aquel que pide y recibe dicha virtud de Dios. No obstante, dado que la pregunta de este versículo aparece en el con­texto de los problemas que los seres humanos provocamos al no controlar nuestras palabras, nuestro autor añade entonces una segunda parte a su res­puesta: sabio es aquel que, mediante «su buena conducta» es capaz de demos­trar la humildad que la «sabiduría le da» (Santiago 3:13, DHH).

Que nuestro autor relacione la buena conducta con la sabiduría es algo que se entiende al recordar que, en el pensamiento judío, la sabiduría no es algo teórico, sino algo sumamente práctico. Teniendo en cuenta que el propó­sito principal de la sabiduría bíblica no es capacitarnos para dominar las cien­cias, sino influir en nuestro comportamiento y experiencia espiritual, alguien sabio es aquel que, al considerar y aplicar en su vida los principios divinos, se distinguirá por decidir correctamente en todo aspecto de la vida, indepen­dientemente de las circunstancias a las que se que enfrente. Por eso, a fin de entender mejor este concepto, repasar un poco lo que el hombre más sabio escribió sobre él será de gran utilidad.

Según Salomón, la sabiduría ha de contar con un ingrediente indispensa­ble: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (Proverbios 1:7; la cursiva es nuestra). Al decirnos dos veces en su libro la estrecha relación que existe entre «el temor de Jehová» y la sabiduría (Proverbios 1:7; 9: 10), Salomón usó dos térmi­nos hebreos distintos para referirse a lo que en nuestras Biblias se tradujo como "principio". Mientras que en el segundo caso la palabra utilizada pone el énfasis en el orden o la secuencia (ser el primero de una serie), la primera tiene que ver, más bien, con la importancia. Tan significativo detalle nos su­giere que «el temor de Jehová» no solo es el punto de partida o el primer paso en busca de la sabiduría, sino también un requisito importantísimo e indis­pensable para obtenerla.

Pero, ¿qué significa entonces la expresión «el temor de Jehová»? ¿Qué es lo que de verdad tenían en mente los autores bíblicos al utilizarla? No sé si ha sido su caso, pero siendo un niño, a menudo pensé que dicha frase significaba algo más que tenerle miedo a un Ser que, dado su poder y grandeza, podría intimidar a cualquiera. Sin embargo, aunque me negaba a pensar en un Dios que infundiera miedo, no recuerdo haber resuelto plenamente aquella incóg­nita en mi mente.

Hoy en día, esto ha cambiado, ya que leer la Biblia con mayor deteni­miento me ha ayudado a comprender que «el temor de», no significa necesa­riamente «temor a». Los siguientes versículos lo ilustran bien:
       «El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos» (Salmo 19: 9).
       «En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos» (Proverbios 14:26).
       «El temor de Jehová es aborrecer el mal» (Proverbios 8:13).
Por ello, lejos de amedrentar a nadie, este temor prolonga la existencia (Proverbios 14:27) y nos aleja del mal (Proverbios 16:6). De ahí que se nos recomiende «perseverar en él» (Proverbios 23:17).
Tan significativa evidencia deja claro que este concepto no es en absoluto negativo. 

¿Cómo podría serlo considerando su utilidad y todos sus benefi­cios? 

Sin embargo, tan positivo como parece, es bueno aclarar que llevar a la práctica dicho concepto no siempre ha resultado fácil.

Por ejemplo, cuando el faraón ordenó a las parteras que mataran a todo bebé varón que naciera a los israelitas, ellas se negaron a participar de algo que iba en contra de sus principios: «Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. [...] Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias» (Éxodo 1:17, 21; la cursiva es nuestra).

El riesgo que afrontaron aquellas valientes mujeres nos enseña que temer a Jehová implica lealtad. Sí, lealtad a los principios, así como el correspon­diente valor para no practicar algo que, aunque pudiera ser popular o hasta obligatorio, vaya en contra de lo que la Palabra de Dios dice (Hechos 5:29).
Reiterando el hecho de que «temer a Jehová» no siempre será lo más fácil, pero que definitivamente tiene que ver con nuestra lealtad a Él, que Abraham obedeciera el mandato de sacrificar a su hijo es otro gran ejemplo de lo que venimos diciendo. Pudiendo haberse negado a obedecer, Abraham decidió seguir al pie de la letra las instrucciones que Dios le había dado. Y aunque no entendía por qué se le había hecho semejante petición, conocía tan bien a Dios y lo amaba hasta tal punto que su confianza en él manifestó ser absolu­ta; decisión que el Señor reconoció al decirle: «No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único» (Génesis 22:12; la cursiva es nuestra).

Por lo tanto, además de producir una lealtad a toda prueba, el «temor de Jehová» se distingue también por llevarnos a desarrollar una confianza plena en Dios. Por difíciles de alcanzar que parezcan, ambas características están a nues­tro alcance si mantenemos una estrecha relación con la fuente de «toda buena dádiva» (Santiago 1:17), con Aquel que es la fuente de la auténtica sabiduría: «Yo, la Sabiduría, habito con la cordura y tengo la ciencia de los consejos. |...] Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan» (Proverbios 8:12, 17; note que el «temor de Jehová» también se menciona en el vers. 13).
Esto me lleva a recordar la ocasión en que un padre se me acercó para pre­guntar mi opinión sobre una decisión que había tomado recientemente. Uno de sus hijos estaba a punto de acceder a la universidad y el examen que tenía que realizar para ser admitido en ella estaba fijado en sábado. Después de razo­narlo un tiempo, la decisión que tomó fue que su hijo se presentara el sábado programado a dicho examen. Al fin y al cabo, solo sería una vez y, seguramen­te (al parecer lo más importante para él), Dios lo entendería; decisión que si­guió justificando, según puede imaginar, con expresiones tales como: «El Señor conoce mi corazón, sabe que mis motivos fueron buenos», etcétera.
Según usted, ¿esta decisión encaja con los parámetros bíblicos de la sabi­duría que acabamos de ver? ¿No? A mí, tampoco. Sin embargo, aunque inten­té explicarle lo mejor que pude qué enseña Proverbios sobre tomar decisiones sabias, temo que aquel sincero padre no haya quedado convencido de la im­portancia de decidir teniendo en cuenta la sabiduría bíblica.

En efecto, puesto que la sabiduría bíblica tiene al temor de Jehová como su elemento inicial y más importante, esta ha de evidenciarse tanto en nuestra forma de tomar decisiones como también en nuestra conducta. Por lo tanto, des­de la perspectiva de Santiago, vivir sabiamente, incluye algo más: «¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre» (Santiago 3:13)

Escrito por  Alejo Aguilar:-
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